A veces nos preguntamos, ¿cómo encontrar el amor de mi vida? Pues bien, lo he encontrado, y esta persona, estoy 100% seguro, me va a acompañar por el resto de mi vida y, ahora, no hay forma posible de que deje de amarla nunca más, y te garantizo que puedo hacer que tú la encuentres el final de este post.

 

Continuamente, los medios y redes sociales nos bombardean con ejemplos de parejas perfectas a las cuales tratamos de aspirar porque pensamos que lo tienen todo. Nos decimos a nosotros/as mismos/as: “ojalá pudiera tener algo así”, “ojalá pudiera ser yo como esa persona que estoy viendo” o “tiene todo lo que yo anhelo y deseo”.

Pues tras años de búsqueda, he encontrado la respuesta y te la voy a contar.

 

Hay varios aspectos en una persona que la pueden convertir en el amor de tu vida, todos ellos deben ir sumando en una ecuación matemática muy sencilla.

 

Antes de meternos profundamente en el tema. Pregúntate, ¿qué buscas en una persona para que puedas abrirle tu corazón y ser el amor de tu vida?

 

Normalmente el proceso es el siguiente:

 

  • El físico, es la tarjeta de presentación del individuo y lo primero que vemos de una persona. Idealmente, será una persona muy atractiva, que se ajusta a los cánones de belleza que dicta la sociedad, que vista a la moda, que cuida su pelo, su piel, su peso e incluso su dentadura. Pero en realidad, somos inteligentes y sabemos que muy posiblemente no podemos conseguir alguien como las personas de las revistas o la televisión. Entonces bajamos un poco el listón y empezamos a conformarnos con alguien que no sea dañino a la vista, que tenga un mínimo de higiene personal y que no vaya muy cochambroso, ¿no? Y si con el tiempo, seguimos buscando, y ni tan siquiera esa persona se queda con nosotros, pues seguimos sacrificando el aspecto para compensarlo con otras virtudes, ¿cierto?. Al fin y al cabo, el físico no es lo más importante. La belleza de una persona está en el interior y, además, todas esas personas que me parecen tan atractivas no son más que Photoshop y alta costura, tienen asesores de imagen y seguro que están vacías por dentro…

 

  • Entonces pasamos a evaluar ese interior. Uno de los factores que suelen hacer que nos planteemos si una persona puede ser el amor de nuestra vida es que nos haga reír, que pasemos buenos ratos con ella y que, en resumen, nos entretenga. Por este motivo, muchas veces nos enamoramos de nuestros o nuestras mejores amigas. Si tengo confianza, paso mucho tiempo con él o ella, tenemos los mismos gustos y nos gusta hacer las mismas cosas, si añadimos un poco de sexo, ¡ya está!, ¿encontré el amor de mi vida?, entonces es cuando te armas de valor, le dices que quieres y que necesitas que vuestra relación de amistad vaya un paso más allá. Y ahí está, sí señores y señoras, ahí está el momento en el que perdemos a nuestros mejor amigo o amiga… por haber confundido la amistad con el amor. Pero, entonces, ¿estoy diciendo que las parejas no deben ser los mejores amigos? No, por supuesto, es genial que tu pareja sea tu mejor amigo o amiga, o uno de los mejores, al menos. Lo que digo, es que tu mejor amigo o amiga, no es el amor de tu vida.

 

  • Volvamos a considerar el interior de la persona que será el amor de nuestra vida como la clave de todo esto. ¿cómo debe ser una persona interiormente para que la evaluación sea positiva? Comprometida consigo misma, pero a la vez solidaria con los demás, emocional y económicamente, que no sea egoísta, pero sin sacrificar lo que tiene. Que nos dé todo lo que necesitamos y todo lo que le pedimos, pero que no sea un tonto o tonta que no se valore y se arrastre ante mi. Porque si nos dan más de lo que necesitamos, tendemos a aprovecharnos y nos ubicamos por encima, nos convertimos en seres superiores que exigen y anulan al otro, y no queremos que el amor de nuestra vida sea inferior, queremos que sea nuestro igual, ¿no es cierto?. ¿Cómo hacemos eso?, ¿cómo saber qué necesitamos y que son lujos, exigencias y consumismo emocional? Veremos si es posible más adelante.

 

  • Sigamos con lo que buscamos en una persona para que sea el amor de nuestra vida. Vamos a llamarlo aceptación social. Es decir, que su posición social sea un mínimo viable para nuestro bienestar. Típicamente, debe tener un buen trabajo y una estabilidad económica. Una familia con estas mismas características con la que mantenga una buena relación y un buen círculo de amistades que me demuestren que es una persona sociable. Si su familia y sus amigos están cerca, será que vale la pena como persona. Claro está, hay excepciones asumibles. Cada familia tiene su historia y por la causa que sea, nuestro círculo de amistades puede verse muy reducido. Pero sabéis de lo que hablo. El amor de nuestra vida no es un sociópata sino una persona amable, con la que es agradable pasar el tiempo, que sonríe a menudo, pero no demasiado, que sabe estar de forma adecuada en cada contexto.

 

  • Otro de los aspectos que nombramos es el de el entretenimiento, pero me distraje hablando de amar a los mejores amigos y no lo desarrollé. La persona de la cual queremos enamorarnos, no puede pasarse el día viendo la televisión, ¿o sí?. Idealmente, debe tener inquietudes en diferentes aspectos de la vida, cuantos más, mejor; así, siempre tendrá una buena conversación y no caeremos en el aburrimiento. Será una persona culta y leída, pero no repelente, que pueda acompañarnos en el crecimiento personal, pero no llevarnos a rastras. Una persona capaz de mostrar y explicar su punto de vista, pero que sepa escuchar el de los demás. Un individuo capaz de admitir sus errores y que nos ayude a entender y superar los nuestros sin juzgarnos. Además, debe compartir nuestras aficiones, pero tener inquietud por descubrir cosas nuevas.

 

  • Luego vendría la salud. Hay tanto que decir de la salud… salud física, salud emocional, salud mental, salud sexual… todas ellas tienen sus momentos de auge, pero también sus caídas. Y lo más que podemos hacer, y también lo menos que tenemos que hacer, es exigir que el amor de nuestra vida, cuide todas y cada una de ellas. Como lo oyes, he dicho exigir. Una alimentación saludable, la práctica regular de algún tipo de deporte, incluso, algún tipo de meditación o mindfulness, con o sin contenido espiritual, según nuestras propias inquietudes en este terreno. Que sea una persona emocionalmente equilibrada, libre de su pasado, que pueda librar sus propias batallas y que sepa lo que quiere y le gusta en la vida.

 

  • Y esto nos lleva al último punto. Una persona que tenga un propósito. O varios. Supongo que estamos de acuerdo en que la persona que será el amor de nuestra vida debe ser y sentirse útil, luchar por algo en la vida y tener un compromiso con su propósito. Tampoco digo que el propósito sea algo inmóvil, rígido y/o absoluto. Puede ser algo flexible, que cambie, que fluya a lo largo del tiempo y se aproveche de la madurez para que le aporte a la persona y a los demás, lo mejor de si mismo. Puede ser que tenga un propósito diferente para cada aspecto de su vida, así sea crear una familia, o viajar, o ser el mejor en su desempeño profesional o que los reúna a todos en un solo propósito, trabajar viajando con su familia, por seguir usar los mismos ejemplos. No importa, pero seguro que entiendes que una persona sin un propósito y una intención de mejorar, se nos va a quedar corta en algún momento, porque no queremos que el amor de nuestra vida deje la vida pasar, ¿o sí?

 

Vamos a observar todos esos puntos anteriores en los que apoyaremos la relación con el, ya tan repetido, amor de nuestra vida, y vamos a verlos desde la compatibilidad con nosotros o nosotras mismos.

Como cada persona es diferente, no puedo decirte las respuestas, pero si voy a hacerte las preguntas:

  • ¿Cómo valoras tu físico? ¿Qué haces para resultar atractivo o atractiva a los o las demás?, ¿Cuán importante es esto para ti?, ¿Qué imagen das a los demás?, ¿Qué imagen quieres dar a los demás?, ¿Te exiges a ti mismo o misma lo que exiges a los demás?
  • ¿Qué tipo de persona eres en tu interior?, ¿Qué ofreces a la gente?, ¿Qué te gusta hacer y qué haces para conseguirlo?, ¿Qué obtienes tus amistades de ti?, ¿Qué obtienes tus parejas de ti?, ¿Qué le das a tu familia?, ¿Qué le das a tus compañeros y compañeras de trabajo?, en definitiva, ¿ofreces lo que esperas recibir?
  • ¿Cómo y cuanto te cuidas?, ¿Qué comes?, ¿Cuánto deporte practicas?, ¿Cómo cuidas de tus emociones?, ¿Cómo te cuidas de las emociones de los demás?, ¿Cuánto le dedicas a tu salud física, mental, emocional, sexual…?
  • ¿Cuál es tu propósito en la vida?, ¿Dónde y cómo te ves en 5 años?, y ¿en 10?, y ¿en 40?, ¿Por qué te levantas de la cama cada mañana?, ¿En qué pones tus esfuerzos?

 

Al unirlo todo, lo que esperamos y lo que ofrecemos, de y al amor de nuestra vida, te habrás dado cuenta de que la clave es no exigir a nadie más de lo que necesitamos y a su vez, no esperar de los demás, más de lo que nosotros damos.

 

Ahora bien, ¿cómo saber lo que me va a dar?, ¿cómo sabré si todo irá bien y si no me miente?, ¿quién me dice que todo lo que vi al enamorarme no era más que una máscara?, ¿quién me garantiza que durará para siempre?

 

Al relacionarnos y buscar el amor en los demás, ponemos en riesgo nuestra capital emocional. Cómo cualquier cosa que vale la pena en la vida, requiere una inversión. Ya sea, nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra salud, etc. Pues para encontrar un compañero o compañera de vida, hay que invertir, a mayor inversión mayor riesgo, tanto de pérdidas, como de beneficios. Hay jugadas más arriesgadas que si salen bien, tendremos mil veces lo invertido. Otras veces decidimos no invertir tanto y casi parece que si salen bien o salen mal, no ha cambiado nada. Cada uno de nosotros debe decidir lo que invierte en las relaciones con los demás. La única forma de obtener grandes ganancias es invirtiendo fuerte y arriesgando.

 

Por eso, ahora si, te digo quién es el amor de tu vida. Donde debes buscarle. La única persona que te devolverá exactamente lo que inviertas en ella. La única persona que no te engañará si tu no la dejas hacerlo. Nunca te va a abandonar si tu no quieres. Nunca te decepciona si le ayudas cada día.

 

Pero, eso tu ya lo sabías, ¿verdad?

 

En efecto, EL AMOR DE TU VIDA ERES TÚ.

 

Tu decides si inviertes fuerte en otra persona, pero si lo inviertes todo en ti, las ganancias estás aseguradas y si yo invierto en mi mismo, los demás entenderán que vale la pena la inversión.

Las ideas del amor romántico, de amar por encima de todo, del amor que todo lo puede, del apego al amor y a otra persona por encima del amor propio, hasta creer que nos pertenece, no son más que cuentos de hadas que terminan en la boda, pero que se convierten en historias de terror, celos, infidelidades, violencia y corazones rotos con el tiempo. Deja de responsabilizar a tu pareja de tu felicidad. Tu has elegido a tu pareja y la eliges cada día que estas a su lado, tu inversión no es ciega, si ves que lo que inviertes no te da beneficios o incluso genera perdidas, no le culpes cuando te quedes en bancarrota. Por eso, quiérete, cuídate, invierte en ti mismo o misma y, en definitiva, ámate, porque, insisto, EL AMOR DE TU VIDA ERES TÚ.